arturo
Cuando sube la escalerita le miro el culo. Siempre, sin falta, todas las veces, sin vergüenza. Una vez me pidió que le sacara una orden del bolsillo de atrás. Él sabe, pero no dice nada, a veces trato de ver cuánto sabe tirando indirectas y me queda mirando un ratito y después se ríe. Con él tomo mate, que no me gusta mucho, pero con él sí. Se le cayó yerba caliente en la pierna una vez, y yo salté a limpiarlo. Fue de reflejo, no de trolo, pero quedé arrodillado en frente a él, limpiándole el vaquero, y cuando quise acordar abrió. Abrió las piernas, y me miraba limpiarle el lado de adentro de la pierna izquierda. Al otro día vino de jogging, porque tenía el vaquero secando. Tenía que aprovechar la oportunidad, pero no sabía como tocarle el culo sin ser obvio. Cuando estaba contando píldoras para una señora, se le cayeron un montón al piso, y no me dí cuenta de lo que hacía. La señora se debe haber dado cuenta. Saqué la mano antes de que se parara, y él terminó de contar. Cuando la señora se fué no dijo nada. Yo ya no sabía qué pensar. En el cambio de turno me dijo, mientras lo acompañaba hasta la esquina, que no le tocara más el culo. Le pedí perdón. Todo bien, dijo, pero no me toques en frente a los clientes. Bueno, dije. Después, cuando se iba en la bici me dí cuenta que había dicho "en frente a los clientes". Al otro día vino de vaquero de nuevo y era como si no hubiera pasado nada. Preparó el mate, me dió el primero, lo tomé de mala gana, preparó el segundo, lo tomó, acercó la silla hasta que tocamos las rodillas y me pasó el tercero, mirándome a los ojos. Nos tomamos todo el termo sin movernos.volver