el petiso
Fui a la casa de un petiso muy lindo, lleno de pelos por todos lados. Es muy linda su casa, queda medio cerca de la mía, en La Blanqueada. El patio de su casa es chiquito, de tres paredes, y queda al lado de la cocina. En la pared que falta hay una reja que da para la calle. Llegué y estaba con un amigo que no me gustaba pero era muy gracioso. Era mediodía y estaban tomando mate en el patio, sentados en sillas de playa, una celeste y una naranja; me dijeron si quería pero no me gusta el mate. Cuando se fue el amigo, el petiso me dijo que quería probar una cosa, quería que yo le afeitara la cara ahí, sentado en el patio. Llenamos un latón con agua caliente, se sacó la remera, se puso una toalla como si se fuera a cortar el pelo y yo le embadurné las mejillas de espuma. Mientras lo afeitaba él me decía que la situación le calentaba mucho, que demorara lo que yo quisiera. "Pellizcame una tetilla" me decía a veces cuando estaba limpiando la maquinita. Yo le pellizcaba y el cerraba los ojos y ronroneaba.En una me pidio que le pasara otra toalla. Le di la que usaba para secarme las manos y se la puso en la falda, acto seguido se sacó la bermuda y el calzoncillo. Lo primero que hice fue mirar a ver si alguien pasaba por la vereda, pero los pocos que pasaban no miraban para adentro. La pija le apuntaba re dura en diagonal para adelante y arriba, yo se la quise acomodar un par de veces pero volvía a la misma posición. Pasó un señor y me vio acomodarle. Nos quedamos mirando mientras pasaba, pero no volvió. El petiso me dijo que lo deje de afeitar y que se la chupe. "¿Adentro?" "No, acá," me dijo. Lentamente le saqué la toalla y tenía una pija derecha como un tubo y la cabeza un poquito aplastada. Mientras se la chupaba cada tanto miraba a ver si pasaba alguien. Pasaron unas adolescentes y se cagaron de risa, pero se fueron casi corriendo. Yo me reí un poquito y el petiso también. "Ojalá pase uno lindo, no?" me dijo. "Ojalá," le respondí.
Pasó un tipo de unos treinta años, sin remera y con short de futbol negro paseando el perro. Era pelado y tenía pansa pero se notaba que trabajaba de algo que le hacía crecer los brazos, porque era medio masudo. Al principio no se dio cuenta, y su perro entró a olfatear la vereda. Mientras esperaba se dio vuelta con un cigarro en la boca. El petiso se pellizcaba las tetillas y yo estaba seguro que los dos lo mirábamos a los ojos al mismo tiempo. El tipo empezó a decirnos "putos" pero bajito, y yo me imaginaba que nos tiraba picos.
El perro se puso a cagar y el tipo miró para otro lado. El petiso, por gusto, empezó a gemir. En una dijo "me acabo", y el tipo se dio vuelta y vio todo. El petiso acababa como una fuente con la cabeza para atrás, y yo miraba al tipo, con la cabeza palpitando y respirando por la boca.
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